AUGUSTO ALVAREZ RODRICH

Director del Diario Perú 21

lunes, julio 31, 2006

UNA COMBINACION NEGATIVA QUE SE DEBE EVITAR

Parece que las autoridades de algunas religiones que se profesan en el Perú están compitiendo por la atención del presidente Alan García, y que este está cayendo en la tentación de seducirlas, arte en el que es un experto.

Ayer mismo, el jefe de Estado asistió con varios ministros a la Iglesia Alianza Cristiana Misionera, invitado por el ex candidato presidencial Humberto Lay Sun. Es la primera vez que un mandatario participa en una celebración evangélica, lo cual fue levemente criticado por el presidente de la Conferencia Episcopal.

Pero, como para curarse en salud, García realizó, previamente, una 'visita sorpresa' al cardenal Juan Luis Cipriani en la Catedral de Lima, con quien ha establecido una cordial relación desde el día siguiente de su elección, lo cual parece haber permitido a la principal autoridad católica del país una cierta influencia sobre algunas recientes designaciones ministeriales.

Incluso, la homilía del 28 de julio del cardenal Cipriani estuvo fuertemente cargada de opiniones políticas sobre el gobierno de Alejandro Toledo, la política económica y la CVR, algunas de las cuales han sido contradichas por otros integrantes de la Iglesia Católica.

Así, la política se ha visto rodeada en las últimas semanas por una fuerte carga religiosa. Desde las críticas injustificadas por la forma de jurar de algunos congresistas que, por legítimas razones personales, no lo hicieron delante del crucifijo y con la mano en la Biblia, hasta el fanático religioso que se abalanzó sobre el presidente García luego del desfile militar, y algunas menciones de este a la religión en sus discursos después de su elección.

Mal camino tomaría el país si no se atajara la tentación de mezclar política con fe, una combinación explosiva que deben evitar las autoridades religiosas y el propio presidente García. Mejor sería, incluso, que este reuniera, en una misma ceremonia, a las autoridades de todas las religiones para transmitir el mensaje inequívoco de que el Estado peruano respeta la libertad de culto y que no utilizará la religión con fines políticos.