LA SUERTE DE GARCIA : LA RELEVANCIA DE LA LEY DE ONG EN SU PRESIDENCIA
Con todos los argumentos ya expuestos -a favor y en contra- sobre la ley que pretende regular de un modo indebido a los organismos no gubernamentales (ONG), la decisión sobre su futuro está ahora en manos de Alan García. Pero lo que también está en juego en dicha decisión es el futuro de su Presidencia.
Él tiene la capacidad de influir decisivamente en lo que ocurra con esta norma, tanto por su condición de jefe de Estado, lo cual le concede la facultad constitucional de observar una ley aprobada por el Congreso, como por su papel de líder del Apra, lo cual le otorga la posibilidad de orientar las decisiones políticas de los parlamentarios de su partido.
En sus manos está, pues, la suerte de una ley que no solo está plagada de inconstitucionalidad y cuya transcendencia está mucho más allá de la propia operación de las ONG, pues implica una seria amenaza para la libertad de expresión y de discrepancia -dentro de la ley- con la autoridad.
Por ello, de varias maneras, esta norma marcará el rumbo futuro del gobierno de García y de él mismo en su calidad de presidente que ha tenido la suerte de recibir una segunda oportunidad para gobernar el país y demostrar que esta vez sí puede ser un buen jefe de Estado, a diferencia de lo sucedido durante la primera vez que llegó a Palacio.
Si García pretende ser reconocido como un líder que es capaz de conducir la nación hacia el progreso en un marco de pleno respeto de las libertades democráticas básicas, no tiene otro camino que el de detener la ley anti ONG.
Si, en cambio, el presidente quiere establecer una alianza política con los sectores autocráticos e intolerantes de la sociedad que, incluso, se jactan de serlo, pues la promoción de dicha ley es la mejor opción en el momento actual para sellar pactos que, sin duda, mellarán el prestigio de su gobierno dentro y fuera del país. Para darse cuenta de ello le basta ver quiénes están en qué lado del debate.
Se trata, por tanto, de una decisión que, por muchos motivos, determinará el carácter de una Presidencia que todavía necesita definir su personalidad.



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